miércoles 21 de diciembre de 2011

Beatificaciones



La beatificación, según los sitios católicos, es sencillamente el permiso que el papa, como máxima autoridad dentro del catolicismo romano, da a los fieles para venerar públicamente a un “cristiano” que consideran ejemplar.

Antes de la beatificación hay varios procesos. En los cuales se examina por años la vida, virtudes, escritos y reputación de santidad del siervo(a) de Dios que está en consideración.

El término beato significa literalmente feliz (del latín beatus), o bienaventurado en sentido más amplio, aludiendo a la creencia de que esa persona está ya gozando del paraíso. La consideración de beato constituye el tercer paso en el camino de la canonización. El primero es Siervo de Dios, el segundo venerable, el tercero beato y el cuarto santo.

Ahora bien, me parece que el término clave aquí es venerar, que es para ello que se beatifica o canoniza dentro del catolicismo, pero ¿Qué es venerar?

El Catolicismo cree y enseña que el culto y adoración que se debe solo a Dios se denomina LATRÍA. El culto rendido a la Virgen (por oposición al culto de dulía, que se rinde a los santos) se denomina HIPERDULÍA. Y el culto de homenaje que se rinde a los ángeles y a los santos se denomina DULÍA.

Esto no es más que darle argumentos a la feligresía para que, aunque no sepa ni pueda distinguir la diferencia entre uno y otro, crea que con su actitud no está en desobediencia con la voluntad de Dios.

La Biblia no contiene ninguna categorización ni ninguna escala de formas de demostración de respeto. La Palabra de Dios es terminantemente clara y sencilla. No existen en ella los términos de Latria, dulia e hiperdulia. Y no los menciona, no por denominarlos de otra manera, sino porque no reconoce ni acepta ni permite darle culto a NADA o NADIE que no sea Dios mismo.

Pregunta lógica: ¿Donde queda el Señorío de Cristo? Queda totalmente ¡anulado! No se puede servir a dos señores (Lucas 16:13).

"No te harás escultura ni imagen alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni le darás culto. Porque yo, Yahveh tu Dios, soy un Dios celoso...” (Deuteronomio 5:8-9) Biblia de Jerusalén (Católica)

"Tened mucho cuidado de vosotros mismos... no vayáis a pervertiros y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea: figura masculina o femenina... no vayas a dejar seducirte y te postres delante de ellos para darles culto..." (Deuteronomio 4:15-16) Biblia de Jerusalén (Católica)

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