jueves, 23 de septiembre de 2010

Los 7 periodos de la Iglesia


En los capítulos 1 al 3 de Apocalipsis vemos algo interesante, siete mensajes. Mensajes dirigidos a las siete iglesias de Asia (Asia menor). Estas son: Efeso, Esmirna, Pergamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.
Estas representan distintos periodos de la Iglesia en la tierra, desde el tiempo apostólico hasta la traslación. Claro que en Asia habían otras iglesias, pero en estas siete, Jesús vio las condiciones o etapas en las que pasaría la Iglesia y por este medio nos anuncio su historia, espiritual y religiosa.
El mensaje a Efeso
“Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: 
Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.
Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. 
Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.” (Apoc. 2:1-7)
La iglesia de Efeso representa la historia de la Iglesia desde Pentecostés hasta el primer siglo, la época apostólica.
En “El Discurso verdadero contra los Cristianos", del filósofo griego Celso ya se denotaba el creciente sentimiento anti-cristiano por parte de los gentiles en este periodo de la Iglesia.
"Hay una nueva raza de hombres nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, asociados entre sí contra todas las instituciones religiosas y civiles, perseguidos por la justicia, universalmente cubiertos de infamia, pero auto glorificándose con la común execreción: son los Cristianos." 
El Señor, en apocalipsis 2, inicia alabándoles por su fidelidad y por haber rechazado a los falsos apóstoles, estos eran los nicolaitas”. El objetivo de estos nicolatias era establecer un orden “santo” de hombres y así ponerlo sobre los laicos, este grupo selecto se denomino el clero, conformado por obispos, mas tarde se desarrollo en arzobispos, cardenales y papas.
En aquella primitiva iglesia, los dirigentes eran los doce, aunque todo parece indicar que eran Pedro y Juan los principales. Al menos, es sobre ellos que se centra la atención en Hechos, y Pedro y Juan son dos de los "pilares" a quienes se refiere Pablo en Gálatas 2: 9. Además de los doce, sin embargo, Jacobo el "hermano del Señor" también gozaba de gran autoridad. Aunque Jacobo no era uno de los doce, Jesús se le habla manifestado poco después de la resurrección (I Corintios 15:7), y Jacobo se había unido al número de los discípulos, donde pronto gozó de gran prestigio y autoridad. Según Pablo, él era el tercer "pilar" de la iglesia de Jerusalén, y por tanto en cierto sentido parece haber estado por encima de algunos de los doce. Por esta razón, más tarde se pensó que la iglesia estuvo gobernada por obispos desde sus mismos inicios, y surgió la tradición según la cual el primer obispo de Jerusalén fue Jacobo el hermano del Señor. Esta tradición, errónea por cuanto le da a Jacobo el titulo de obispo, si parece acertar al afirmar que fue él el primer jefe de la iglesia de Jerusalén. 

 El emperador Caligula le había dado el título de rey a Herodes Agripa, nieto de Herodes el Grande. Según Hechos 12:1-3, Herodes hizo matar a Jacobo, hermano de Juan (quien no ha de confundirse con Jacobo el hermano de Jesús) y al ver que esto agradó a sus súbditos hizo encarcelar también a Pedro, quien escapó milagrosamente.
En el año 62 Jacobo, el jefe de la iglesia, fue muerto por iniciativa del sumo sacerdote, y aun contra la oposición de algunos fariseos. Ante tales circunstancias, los jefes de la iglesia de Jerusalén decidieron trasladarse a Pela, una ciudad mayormente gentil al otro lado del Jordán. Al parecer parte de su propósito en este traslado era, no sólo huir de la persecución por parte de los judíos, sino también evitar las sospechas por parte de los romanos, aquí el cristianismo judío entró en contacto con varios otros grupos que en fechas anteriores hablan abandonado el judaísmo ortodoxo carente de relaciones con el resto del cristianismo, aquella iglesia de origen judío siguió su propio curso y en muchos casos sufrió el influjo de las diversas sectas que existían entre las cuales podemos mencionar el gnosticismo que, entre otras cosas enseñaba que Jesús no era realmente Hijo de Dios
Por esta razón, poco después de alabarlos los amonesta “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor… arrepiéntete...” El Señor, que mira los corazones, sabía que, aunque presentes en ritos y tradiciones, estaban ausentes en el corazón y no daban a Cristo la preeminencia.


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